Con un enorme esfuerzo de voluntad, logras dominar tus latidos de corazón, y rebajarlos hasta el mínimo. Aprietas las manos contra tu torso con los brazos, entrechocas los dientes, y te das cuenta, aterrado, de que tus uñas se han convertido en garras y de que los colmillos te hacen sangre en los labios. Permaneces en un estado de estupor horrorizado durante mucho tiempo, completamente inmóvil, hasta que te parece escuchar voces afuera.

Quizás sea esta mi única oportunidad de liberarme y comprender lo que me ocurre. (haces fuerza sobre la tapa del ataúd)

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